Sin mucho detalle, lo que sí recuerda Tino, es que era jueves, cuando recibió una llamada de Paty, que así le decían a Víctor sus conocidos por usar las patillas largas tipo Elvis, por lógica era llamado el patillon, pero como todo buen apodo evolutivo terminó por simpleza en Paty.
En dicha llamada Paty invitó a Tino para echarse unas chelas, que ya iba sentado en el micro rumbo hacia su casa (que no es cualquier cosa en el transporte público a las 8:30 pm), sin embargo, aceptó tal invitación.
Paty sin pensarlo llevó a Tino hacia el “Cuba Libre”, un lugar pequeño en la calle de República de Cuba en el Centro Histórico del D.F; donde tocan rock en vivo, que a primera impresión expresó Tino ―no mames pinche Paty, esta madre está bien culera, mejor vámonos al España, ahí se pone más chingón y hay mejores viejas―, pero Paty no desistió en su cometido y propuso que lo decidiera la suerte en un volado, el cual ganó Paty.
Ya sentados en una mesa asignada por el Gordo, el mesero oficial, se dio cuenta que no estaba tan malo el lugar, que tenía su algo especial, es decir que era un espacio digno para echarle mano a unas mamilas grandes (K-guamas), eso sí, bien pinches frías y escuchar algunos buenos covers, los mismos de siempre, pero al fin y al cabo es jueves y en juebebes todo es bien recibido.
Como siempre sucede, cuando alguien se la está pasando bien, las horas pasan más que rápidas y ligeras, que para Tino y Paty no sería la excepción, como ley infalible igual de certera que la Ley de la Gravedad para los que se enfiestan, cerraron el metro y empezaron a emigrar todos.
Lo mismo tendría que ser para Tino y Paty, ya en la salida se les acercó una chica dedicada a la escultura con sus dos amigos, una violinista y un cuate de nombre Pablo, con look de ensalada entre metalero y algo dark.
La escultora propuso ir al lugar de enfrente, que como seña particular tenía su bandera de arcoíris, rechazando inmediatamente Paty alegando a Tino ―no mames guey ahí es un lugar para putos―, Tino respondió que si estaba seguro de su sexualidad no tendría por qué tener algún problema ¿o sí?, todos los demás acompañantes convencieron a Paty de la misma manera, diciéndole que no fuera mamon.
Ya estando adentro del “Marra”, conocido así por sus feligreses como abreviación del Marrakesh, lo que más sorprendió a Tino fue su decoración ―Arte “Kitsch” y concepto arrabalero, un espacio que tenía una propuesta, no era un lugar abierto a lo pendejo― que comentaría después Tino.
Sin embargo, lo que más le sorprendió en ese momento a Tino, siendo jueves un lugar nada pequeño, estuviera hasta la madre. Todos terminaron bailando con música que solo pensaría que escuchaba su hermana, a causa del Pavel (el primer DJ que había visto que se la pasaba bailando toda la noche).
Obviamente, después las frías empezaron el ciclo natural de llenar y vaciar, los sudores a gotear y algunos en el cachondeo, entre ellos el Tino y la violinista que más tarde generaría una disputa entre ella y el metalero, quien resultó ser su pretendiente.
Cuando la fiesta terminó, el grupo de nuevos amigos se dirigieron como sonámbulos hacia la Plaza de Garibaldi, en la cual sabía Tino que podían hacer algo de tiempo en lo que abrían el metro y además echarse algunos tamales y unos atoles.
Después, un silencio aletargado se generaría provocado por el sueño y el frio mañanero de marzo, Paty le confiesa a Tino que cuando le había marcado, la llamada no era para él, sino para otro compa, Tino le respondió que en ningún momento pensó en terminar como estaban, pero que se la había pasado chingón, carcajeándose y salpicándolo en la cara de migajas de pan y tamal.
Más tarde, la escultora se unió a la conversación confesando que tampoco había planeado amanecérsela y que sólo había invitado a la violinista para tomarse un café y mucho menos sería el caso para el Pablo, ya que era el que menos varo traía, sino ya se hubiera llevado desde hace un rato a la violinista a un hotel, le confesaba en voz baja a Víctor, pues hacia un frio de la chingada.</

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