
Tú tienes algo que decir,
que también sientes, vives y sudas;
no lo dejes en una servilleta, cartón
de cerveza o pared del baño.
Exprésalo con los que dicen ser
no profanos de la poesía,
porque ya se aburrieron de rimar solos.
Vertamos todas las palabras,
en un molcajete gigante,
machaquemos, trituremos todo
hasta que se convierta en un polvito fino,
así como si fuera talco, dispersémoslo
y que se impregne con el viento
su contenido en todos.
Que en algún día sea más fácil vivir
la poesía,
como si fuera un puesto de tacos de
guisados,
con guisos mamoncitos o simples;
de sabores netos y que raspan,
¿de qué va querer su poesía señorita?
que también usted tiene algo que decir.
